AVANZAR CUANDO TODO CAMBIA
Una reflexión sobre orientación, creación y brújula interior en tiempos de aceleración

En 1982 se estrenó en España una película singular, dura y profundamente humana titulada En busca del fuego. Con el paso del tiempo la he ido recuperando en clases, conferencias y textos no tanto por lo que cuenta, sino por lo que revela. La historia es sencilla y brutal a la vez. Una tribu sabe conservar el fuego, pero no sabe crearlo. La llama llegó por azar y se convirtió en algo sagrado. Cuando la pierden, pierden mucho más que calor o luz, ya que pierden su posibilidad de sobrevivir. No entienden qué es exactamente eso que ilumina la noche y quema al tocarlo, pero saben que sin ello no hay futuro.
Hay un momento decisivo en la película. En el viaje para recuperar el fuego, los protagonistas se encuentran con otra cultura. Observan a una joven que frota dos palos con rapidez. No protege una llama existente. La está creando. En ese instante se produce un salto silencioso pero irreversible. El fuego deja de depender del azar y pasa a depender del conocimiento. Y ese conocimiento, además, puede transmitirse. No es magia. Es técnica. Es aprendizaje.
Esa escena condensa una de las grandes constantes de la historia humana, la diferencia entre conservar y crear. Conservar permite resistir durante un tiempo. Crear permite avanzar. A lo largo de la historia, el progreso nunca ha venido de proteger indefinidamente lo que ya existe, sino de atrevernos a entender cómo se genera aquello que necesitamos. Desde las primeras herramientas hasta las grandes civilizaciones, el ser humano no ha sobrevivido solo por fuerza o resistencia, sino por su capacidad de aprender, adaptarse y reformular sus referencias cuando las antiguas dejaban de servir.
No es casual que el fuego ocupe un lugar central en nuestros mitos fundacionales. En la mitología griega, Prometeo roba el fuego a los dioses y lo entrega a los humanos. No les da solo una herramienta. Les da autonomía, técnica y responsabilidad. El fuego no es neutro. Transforma la forma de vivir y también introduce riesgos. Desde el principio, crear implica asumir consecuencias. Y aun así, seguimos creando.
Desde una perspectiva evolutiva, esta lógica resulta todavía más clara. Charles Darwin explicó que no sobreviven las especies más fuertes, sino las que mejor se adaptan a su entorno. Incluso antes, Jean-Baptiste Lamarck ya había intuido algo relevante. Los organismos cambian en interacción constante con el entorno y la adaptación no es un proceso pasivo. Aunque sus teorías fueron superadas, su intuición de fondo sigue siendo valiosa. El entorno nos transforma, pero también nos exige transformarnos.
La supervivencia humana, por tanto, nunca ha sido solo biológica. Ha sido cultural, cognitiva y simbólica. No sobrevivimos únicamente porque resistimos, sino porque entendemos, reinterpretamos y cambiamos. La supervivencia siempre ha sido, antes que física, mental.
Durante siglos, el gran reto fue sobrevivir en entornos hostiles e imprevisibles. Hoy, paradójicamente, muchas personas se sienten perdidas en un mundo mucho más seguro que cualquier otro momento de la historia. No porque falten datos, sino porque sobran. No porque no haya opciones, sino porque hay demasiadas. Tecnología, información constante, decisiones continuas, aceleración. Vivimos rodeados de estímulos, pero escasos de referencias claras para orientarnos.
Los datos lo confirman. Informes recientes del World Economic Forum muestran que una mayoría de directivos reconoce sentirse menos clara al tomar decisiones estratégicas pese a disponer de más información que nunca. McKinsey, en sus Global Surveys, señala que la percepción del ritmo de cambio se ha multiplicado respecto a crisis anteriores. Sabemos más, pero entendemos menos. Tenemos mapas cada vez más detallados, pero no siempre sabemos hacia dónde queremos ir.
Aquí aparece una idea clave que la filósofa Hannah Arendt formuló con enorme lucidez. Arendt distinguía entre labor, work y action, entendidos como conservar, producir y actuar con sentido en el mundo. Su preocupación no era la falta de actividad, sino la pérdida de orientación. Cuando todo se reduce a hacer y reaccionar, pero desaparece el espacio para pensar desde dónde actuamos y por qué, el resultado no es eficiencia, sino desorientación.
Algo similar planteó Herbert Simon, premio Nobel de Economía, al introducir el concepto de racionalidad limitada. Los seres humanos no decidimos con información completa ni con tiempo infinito. Decidimos con mapas incompletos, atajos mentales y referencias imperfectas. En contextos estables, eso suele funcionar. En contextos de cambio acelerado, no. En esos contextos, no siempre necesitamos más respuestas, sino mejores referencias.
La historia humana, vista así, no es solo una sucesión de inventos, sino una sucesión de marcos de sentido. Cada gran salto —el lenguaje simbólico, la agricultura, la ciencia moderna— ha venido acompañado de nuevas formas de interpretar el mundo. Cuando esos marcos se agotan, aparece la sensación de estar avanzando sin rumbo. Y sin rumbo, ningún viento es favorable.
Por eso resulta tan revelador que, en En busca del fuego, los personajes apenas hablen. Se comunican con gestos, sonidos y miradas. No hace falta entender cada palabra para comprender lo que está en juego. Cuando la supervivencia o la orientación están en riesgo, el mensaje se vuelve universal. Hoy no nos persiguen mamuts ni tigres dientes de sable, pero sí una sensación difusa de no saber muy bien dónde apoyarnos para decidir, crear o avanzar con criterio.
Esta columna se suma a una trayectoria ya consolidada de reflexión escrita. Con ella, el blog alcanza 37 publicaciones, un número simbólico que marca continuidad y recorrido. Lo nuevo no sustituye a lo anterior. Lo amplía. En paralelo, nace ahora un espacio adicional en formato vídeo denominado La grieta, un canal que arranca con un Video 0 y que busca llevar estas mismas ideas a otro ritmo, otro lenguaje y otro tipo de presencia. Texto y vídeo no compiten. Se refuerzan. Son capas distintas de un mismo mensaje que conecta Paco Bree y KOJI NEON como proyectos de pensamiento, creación y exploración de futuros.
Ese mensaje es sencillo, aunque no trivial. No se trata de predecir el futuro ni de ofrecer recetas rápidas. Se trata de crear un espacio de orientación en medio de la aceleración. Un lugar para pensar con calma cuando todo empuja a reaccionar deprisa. Para recuperar algo que nunca deberíamos haber perdido. La capacidad de mirar el mundo con perspectiva y, desde ahí, decidir cómo movernos dentro de él.
Para facilitar esa navegación, los contenidos se organizan a través de tres colores que no representan habilidades aisladas, sino estados de atención. El azul conecta con el pensamiento estratégico y la toma de decisiones en entornos complejos. El amarillo abre el espacio de la creación como laboratorio de futuros, donde la narrativa y los proyectos creativos permiten explorar lo que viene sin quedar atrapados en lo inmediato. El verde apunta hacia la intuición y la brújula interior, ese criterio personal que se construye con experiencia, reflexión y atención a las señales débiles.
No son compartimentos estancos. Son capas de una misma forma de estar en el mundo. Pensar, crear y decidir no como actos separados, sino como un proceso continuo de ajuste entre lo que ocurre fuera y lo que ocurre dentro. En tiempos de cambio lento, esto podía parecer un lujo. En tiempos de cambio acelerado, se convierte en una necesidad.
Avanzar cuando todo cambia no significa correr más rápido. Significa saber por qué, desde dónde y hacia qué nos movemos. Significa aceptar que no habrá mapas completos, pero sí podemos afinar nuestra brújula. Y esa brújula no se compra ni se descarga. Se construye con pensamiento, experiencia y criterio.
Si has llegado hasta aquí, probablemente ya intuyes que no estás solo en esta sensación de desorientación. Y también que existen otras formas de mirar el futuro sin quedar atrapados en el ruido. Este es solo el inicio de un recorrido que ahora se despliega en más formatos y más espacios. Un primer fuego encendido no por azar, sino por decisión consciente. Ojalá las próximas columnas y los próximos vídeos te ayuden a seguir explorando, con calma y profundidad, tu propia forma de avanzar cuando todo cambia.











